(Acerca de ¿porque recapitular?)
Se ha dicho que todos los seres humanos, al momento de morir, disponemos de un momento para ver toda nuestra vida pasar frente a nuestros ojos y revivir los eventos importantes de nuestra vida; que ese momento final se expande de tal forma, que nos permite hacer una recapitulación y encontrarnos en paz respecto a todo lo que hemos vivido .
Se ha dicho, que debido a la magia de ese revivir final, somos capaces de ponerlo todo en equilibrio y recuperar la belleza que se esconde en los eventos más sencillos.
La tierna flor que abre sus pétalos al sol del amanecer o el olor fresco de la tierra después de que ha llovido.
La calidez del ser amado que duerme a nuestro lado o el brillo en los ojos de nuestros niños, cuando descubren con asombro los extraordinarios componentes del mundo.
El poder sanador de un abrazo que se da en un momento de pesar o el inefable misterio de una noche estrellada.
La risa de los que amamos o el estremecimiento de nuestro primer beso de amor.
La magia silenciosa de la lluvia que se contempla a través de la ventana o la contemplación del fuego en la chimenea.
El caer de las hojas del árbol, por un instante vivas y danzantes, bajo el hechizo del viento del Otoño.
En suma: la extraordinaria magia que se esconde detrás de las cosas ordinarias.
Es en ese preciso instante, a las puertas de la muerte, cuando descubrimos que en realidad estábamos ya muertos desde hacía mucho tiempo y solo allí, en ese momento final, despertamos del todo y recuperamos la emoción y sobrecogedora comprensión del milagro que significa estar vivos.
Y entonces morimos.
Es una pena que la última recapitulación nos abra los ojos de la conciencia total, cerrados hasta entonces y el milagro de la vida nos sea finalmente revelado solo pare desvanecernos en el siguiente instante.
Pero, ¿Tiene que ser necesariamente así? ¿Es esa nuestra única posibilidad? ¿Seria posible, de algún modo, recuperar esa conciencia de la magia y el gozo de estar vivos, no para morir sino para vivir? ¿Para verdaderamente vivir?
La respuesta es si. Si existe otra posibilidad. Podemos realizar a propósito el sanador viaje de la recapitulación y recuperar el poder y el gozo que alguna vez tuvimos, por el solo hecho de haber recibido el milagro de la vida.
Este libro trata del proceso de recuperación de la pasión por la vida. Trata de las técnicas, métodos y resultados que dicho proceso entraña. Es una puerta abierta a esa búsqueda. Trata de ti y de tu vida. Si sientes la llamada… bienvenido al viaje.
Víctor Sánchez
Mucha gente ha contribuido a la existencia de este libro y me gustaría expresar mi gratitud a todas ellas.
Gracias a toda la gente ¾instructores y participantes¾ que han asistido a nuestros talleres sobre recapitulación desde 1984 hasta la nuestros días.
Gracias a Manolo Cetina, Armando Cruz y al resto de quienes conformaron el equipo AVP hasta el año 2000, tanto en México como en el extranjero, por su apoyo, creatividad y coraje para seguir luchando con el espíritu propio de los nuevos guerreros toltecas.
Gracias a Edgar Delgado, conocido en Europa como Agustín "El Chamán que mueve piedras" por su contribución como apoyo, instructor y cómplice principal en la fundación de AVP que en ese entonces (hace mas de veinte años) se llamaba "La Otra Brujería". Gracias Edgar por los años que caminamos lado a lado, por haberle encontrado nuevos caminos a esa ave que se llama "p" y por el regalo invaluable del re-encuentro.
Mi especial y sincero agradecimiento a Jody Spehar por su destacada participación en las pruebas, crítica y comentario de esta obra; pero sobre todo por el calor que me dieron su cariño y su amistad durante los difíciles días en los que fueron escritas estas páginas.
Gracias a todos los seres humanos indígenas y no indígenas; a los animales, árboles, planetas y estrellas que constituyen mi familia espiritual, ya que todos ellos me dieron la oportunidad de aprender que el camino del guerrero carece de sentido y no va a ninguna parte si no está nutrido por la inefable fuerza del amor.
(Acerca del libro, el chamanismo y la recapitulación)
Este libro forma parte de un informe mío que recoge veinte años de investigación en el ámbito del conocimiento indígena y chamanismo. La recapitulación, por su parte, es una eficaz técnica desarrollada en el campo de lo que yo llamo tecnología chamánica.
Toda vez que el término chamanismo ha traspasado sus límites originales entre los pueblos indígenas de Siberia y es muy utilizado en nuestros días por los miembros de las modernas sociedades urbanas, se hace necesario explicar brevemente cuál es el concepto que yo tengo de dicho término y cómo lo utilizo.
Desde una óptica superficial, el chamán es una persona que tiene conocimientos y poderes para manejar fuerzas sobrenaturales casi siempre con la intención de sanar. Estas fuerzas sobrenaturales pueden ser espíritus, dioses, entes, energías, o el mismo Dios.
A lo largo de los últimos veinte años, el chamanismo ha pasado de ser un tema que sólo interesaba a antropólogos dedicados a la investigación cultural, para convertirse en materia atractiva para toda clase gente no especializada aunque interesada en la sanación y en el perfeccionamiento espiritual.
En un principio, nuestro interés por el chamanismo no iba más allá del deseo anecdótico de conocer a un «verdadero chamán» ¾hombre o mujer¾ para ser sanados o bendecidos por sus poderes sobrenaturales. Con el paso de los años, nuestro interés en el chamanismo cambió. Ahora lo que pretendemos es ser chamanes para sanar a nuestros semejantes y al mundo en general. Esto ha hecho que hayan proliferado por todo el mundo libros, talleres y seminarios cuyo tema de fondo es el chamanismo. Mucha gente lee estos libros y asisten a los seminarios con la ilusión de adquirir poderes, convertirse en un chamán, y hacer realidad la eterna aspiración de dejar de ser un don nadie para transformarse en alguien importante. Esta ilusión es un ejemplo más de lo que estamos dispuestos a hacer debido a la falta de sentido de nuestras vidas.
Es interesante destacar que para el hombre moderno la noción de chamanismo está asociada a la idea de poder; esto es, poder para sanar, poder para cambiar el curso de la vida, poder para invocar la lluvia o la buena suerte, influir en los demás o cualquier otra clase de poder. Mi experiencia con algunos pueblos indígenas de México, a los que llamo toltecas sobrevivientes, me ha mostrado una perspectiva muy diferente. Para ellos el chamanismo está más relacionado con la noción de servicio que con la idea de poder.
Los chamanes de carne y hueso que he llegado a conocer, poseían como característica principal la voluntad de servicio hacia sus propias comunidades. Lo que estos hombres y mujeres tienen de extraordinario no es tanto la dimensión de su poder, como la fortaleza de su vocación para servir a los demás sin pedir nada a cambio. No suelen cobrar por su trabajo. Dado que no reciben ingresos por sus actividades como chamanes, son los más pobres entre los pobres; ya que, además de trabajar duro como los que más en su faceta de campesinos, tienen que dedicar una considerable cantidad de tiempo a trabajar al servicio de sus comunidades.
Debido a la extrema generosidad y nobleza de espíritu de los chamanes de las comunidades indígenas, he sido siempre reacio a aceptar el modo en que el vocablo chamanismo es utilizado en el mundo moderno en donde es practica común el uso superficial de este término. En los tiempos que corren, no es raro encontrar personas que después de haber leído un poco sobre el conocimiento indígena o asistido a algunos talleres sobre chamanismo, se presenten a sí mismos (o a sí misma) como chamánes para vender de este modo una imagen que pueda ser admirada por los demás.
En mi trabajo de tantos años recorriendo el mundo dando conferencias o dirigiendo seminarios, muchas personas (organizadores de talleres, entrevistadores de los medios de comunicación, etcétera) no dudan en asignarme el título de chamán. Nunca he aceptado y siempre lo he desmentido; y lo he hecho, porque conozco a los auténticos chamanes y me consta su entrega de por vida para ser reflejo del gran espíritu, sin el menor atisbo de importancia personal en su tarea. Es por eso que no me atrevería a ponerme a la misma altura de esos hombres y mujeres de pies descalzos. Es posible que por no querer participar en el juego de los disfraces al no presentarme como chamán o nagual, mis audiencia no sea tan grande ni mis seminarios tan numerosos, pero prefiero un éxito modesto con paz en mi conciencia que una gran popularidad construida con mentiras.
En mi opinión, lo que la mayoría de las veces esconde la compulsiva necesidad de ostentar títulos, no es otra cosa que ese obsesión del ego que se llama la importancia personal. La necesidad de presentarse ante los demás como el «único» o el «escogido», ha hecho mucho daño tanto a los «iluminados» de turno como a sus seguidores. Sé que los títulos son convenientes para el marketing y para acrecentar las ganancias, pero para mí tiene mucho más valor la libertad. Al final, todos moriremos como hemos vivido; y a la muerte, queridos amigos, no le causa impresión nuestros títulos.
Los chamanes de la vida real no se parecen a los perfectos maestros indígenas de los libros. Sus cuerpos sangran, sus corazones sufren, sus hijos enferman y sus almas lloran y ríen. En la realidad, los chamanes indígenas se enfrentan a la violencia de una época en la que el mundo está siendo devorado por la ilimitada codicia del hombre blanco. Y ellos oponen resistencia. Luchan por sobrevivir y para mantener viva su tradición espiritual; y no lo hacen solo para ellos mismos o para sus hijos. Lo hacen por el mundo entero y todo lo que en el vive, tu y yo incluidos.
Lo que los hace tan valiosos para la humanidad, es el hecho de que son capaces de elevarse por encima de la miseria existencial y soledad que son parte de la condición humana, para alcanzar y fundirse con la fuerza innombrable que sostiene al universo: el Gran Espíritu. Y lo más extraordinario es que están llevando a cabo este milagro de recobrar la nuestra unidad perdida al mismo tiempo que luchan contra la extrema pobreza. Son seres humanos, como tu y como yo, que se enfrentan al mundo material y luchan contra él también al igual que hacemos tu y yo. Pero ellos, por su parte, son capaces de elevarse por encima del dolor y la confusión del mundo material para alcanzar el Espíritu y volverse uno con Dios. Y la buena noticia es que lo que ellos pueden, nosotros lo podemos también. Ellos nos señalan el camino, pero la responsabilidad de realizar el milagro en nuestra propia vida recae en nosotros.
Mis experiencias con el chamanismo me dicen que la tarea del chaman no tiene nada que ver con la consecución de metas personales. Los chamanes no hacen lo que hacen para su beneficio personal. Participan, junto con su comunidad, en la tarea de rememorar y de mantener activos los medios que les permitan volver al Espíritu y vivir en armonía con él. Esos conjuntos de procedimientos reciben el nombre de tradición, la cual no constituye un grupo de creencias sino un grupo de prácticas.
Dejemos ahora de ver al chamán como persona y consideremos la experiencia chamánica como una posibilidad para todo el mundo. Así como el chamán es una persona determinada que representa un papel específico a la hora mágica de los rituales y de las ceremonias, la experiencia chamánica es vivida y compartida por todas las personas que intervienen en el acto. En este sentido la experiencia chamánica es tanto individual como colectiva y, por ello, esta abierta a todos los miembros del grupo mientras estos sigan los procedimientos adecuados.
El objetivo de la experiencia chamánica es devolver a los participantes a la unidad perdida con la fuerza insondable que mueve el universo. Los polos opuestos ¾lo sagrado y lo mundano, el espíritu y la materia, el «yo» y «lo que esta fuera»¾ se unen y se unifican durante la experiencia chamánica. Nuestros dos lados, el tonal y el nagual, se aglutinan de nuevo y experimentamos la unidad de nuestra naturaleza como seres dobles.
La recuperación de esa unidad es la promesa secreta en el símbolo tolteca de la serpiente emplumada Quetzalcóatl. La serpiente representa lo que se arrastra, lo tonal, el mundo material. El águila representa lo que vuela, lo nagual, el Espíritu. Pero a diferencia del símbolo azteca en el que el águila está devorando a la serpiente1, el símbolo del Quetzalcóatl muestra cómo el águila y la serpiente se convierten en una sola unidad: la serpiente emplumada, la unidad del espíritu y la materia, el equilibrio entre lo tonal y lo nagual.
La experiencia chamánica es importante para nosotros, miembros de sociedades urbanas modernas, no sólo porque el hecho de convertirnos en chamanes nos resulte más o menos emocionante o divertido, sino por algo más. La experiencia chamánica es de capital importancia; y esto se debe a que nuestra carencia de medios apropiados para reconectarnos con el Espíritu nos está causando un continuo proceso de autodestrucción, tanto como individuos y como especie. De aquí que mi trabajo en todos estos años haya sido intentar crear un puente entre nuestras sociedades modernas y las experiencias chamánicas conservadas vivas entre los pueblos indígenas. Estoy convencido de que la mayor calamidad de nuestro tiempo es la falta de experiencias en las que podamos recordar y vivir de nuevo nuestra conciencia oculta (el otro yo) y la sagrada conexión que tenemos con todo lo que nos rodea.
Necesitamos prácticas chamánicas que sean adecuadas para nuestra época y para nuestra sociedad. No basta con que sólo intentemos imitar los rituales y los procedimientos de los pueblos indígenas. El chamanismo y la tradición implican una serie de prácticas y técnicas destinadas a manipular y a aumentar nuestra conciencia. Pero la expresión concreta de estas tecnologías está, y debe siempre estar, relacionada con las características específicas de la gente que va a utilizarlas en una determinada época y lugar. Esto significa que si bien las prácticas chamánicas de los pueblos indígenas deben estar relacionadas con las peculiaridades de su modo de vida de campesinos que viven en estrecho contacto con la naturaleza, nuestras prácticas tienen que estar relacionadas con la clase de mundo y vida que tenemos en las ciudades modernas.
Nuestros esfuerzos dentro del AVP, la Nueva Toltequidad2, han sido dirigidos a desarrollar métodos y procedimientos para los integrantes del mundo moderno de forma que pudiesen consumar de por sí el salto chamánico hacia el otro lado de la conciencia y hacia el otro lado de la realidad. La razón de este viaje a través de la experiencia chamánica es que no puede haber salud auténtica si no estamos completos. Es sólo mediante la recuperación e integración de las experiencias que nos corresponden como seres dobles, como podemos alcanzar lo que constituye nuestros derechos naturales: el poder, la salud y la libertad.
En lo que yo llamo tecnología chamánica quedan reflejados los resultados de nuestros esfuerzos de investigación y desarrollo de las modernas expresiones de la experiencia chamánica. La senda tolteca de la recapitulación introduce, como el título indica, la práctica de la recapitulación; práctica que considero uno de los más firmes y decisivos pasos hacia la culminación de un proceso serio de sanación y autoliberación.
Se ha abusado
tanto y de tantas formas del vocablo tolteca que es de todo punto
conveniente que hagamos unos comentarios clarificadores.
Como mexicano y miembro de una tradición cuyas raíces proceden del antiguo
pueblo tolteca (un histórico grupo étnico asentado en México), he sido muy
sensible a los usos extraños que se han hecho de este nombre; y así he
comprobado con sorpresa cómo se aplicaba este término a gente supuestamente
procedente de otros planetas, de la Atlántida o de otras dimensiones. Tales
teorías constituyen una deformación y falta de respeto respecto de la existencia
histórica de los antiguos toltecas y de la actual presencia de pueblos indígenas
que mantienen vivas las antiguas tradiciones de los toltecas.
Puedo comprender la buena intención de la gente que utiliza la palabra tolteca para referirse a una persona de conocimiento; pero al mismo tiempo, considero muy importante dar a conocer y respetar la existencia de los auténticos toltecas, tanto históricos como sobrevivientes, no creando confusión en torno a la identidad de este grupo. El respeto hacia una cultura que ha servido a la humanidad preservando y compartiendo su tecnología sagrada para el acrecentamiento de la conciencia, también debe demostrarse evitando la falsa representación de su identidad histórica y cultural. Esta falsa representación se puede observar por ejemplo, en algunos libros de espiritualidad en los que los toltecas aparecen erróneamente caracterizados por las imaginaciones y las expectativas de sus autores.
Me doy cuenta que en general la intención de los autores de estos libros tiene sin duda alguna su lado positivo; en efecto, por el simple hecho de escribir libros sobre indígenas conectados con la tradición tolteca, están canalizando la atención hacia esta gente y promocionando su respeto y aprecio. No obstante, también hay que decir que estos libros pueden estar contribuyendo a crear un concepto distorsionado de esta gente al atribuirle una voz, un conocimiento y una visión del mundo que no se corresponden con las que realmente les son propias.
Debido a esto, me interesa mucho aclarar que las técnicas de recapitulación que se presentan en este libro están inspiradas en las antiguas prácticas toltecas, incluyendo algunas que todavía son efectuadas por ciertos pueblos de México como, por ejemplo, los wirrarika. Sin embargo, en base a la información de que dispongo hasta el momento, estas técnicas no fueron ejecutadas en la forma que presento en este libro por los antiguos toltecas ni tampoco por los toltecas sobrevivientes.
Se puede encontrar vestigios de la práctica de la recapitulación entre los toltecas del pasado, así como entre otros antiguos grupos indígenas. Alonso de Molina3, fraile católico del siglo dieciséis, tradujo del nahuatl (la lengua de los toltecas, de los aztecas y de muchos otros grupos indígenas de México) el vocablo Tlacentlalia como «la acción de recoger o ayuntar los pecados trayéndolos a la memoria». Está claro que este religioso desconocía el proceso energético y sanador de la recapitulación, ya que relaciona este mismo proceso con el concepto de pecado. El resultado de esa fue teochihua, que De Molina traduce como «desatar de los pecados» y nosotros hoy en día podemos entender como catarsis curativa.
Esta clase de práctica es propia del actual pueblo wirrarika en cuyo ritual aparece el acto de contarle al Abuelo Fuego la historia de sus vidas, así como todo aquello que tenga la consideración de pecado o que implique dolor emocional. Esta práctica entraña un intercambio energético que va más allá de la comunicación verbal y que acontece durante sus peregrinaciones sagradas, durante los momentos de intimidad con el fuego en el kalihuey o centro ceremonial de la comunidad, o en cualquier otro lugar donde arda un fuego ritual.
Estas prácticas indígenas del pasado y del presente constituyen las bases de las técnicas que tanto yo como mi equipo hemos desarrollado en casi veinte años de investigación4. Nuestras técnicas son una moderna expresión de estas antiguas prácticas de auto-sanción. Es decir, que deben considerarse como expresiones modernas o actualizadas de las antiguas técnicas toltecas.
Para aclarar esto completamente, podemos distinguir diferentas clases de toltecas:
· Los Toltecas Históricos. Estos toltecas son la población de Teotihuacan, que habitó en el centro de México entre los siglos o al siglo IV. Constituyen la base cultural del México profundo y su expansión-fusión con los mayas dio como reslutado lo que podemos considerar como la cultura Maya-Tolteca. La influencia espiritual de este grupo sobre otros muchos pueblos autóctonos del pasado fue la más destacada en el mundo indígena mejicano de la era prehispánica.
· Los Toltecas Étnicos. Habitaron la región del Estado de Hidalgo en México entre los VII y XII. Tuvieron como líder espiritual a Ce-Akatl Topiltzin Quetzalcoatl (952-999 d.c.) A pesar de las historias oscuras y sangrientas que los conquistadores europeos crearon en torno a los toltecas, este grupo (junto con su antecedente teotihuacano) fue el representante del más alto nivel espiritual, cultural y tecnológico de la época. La orientación militarista de los Aztecas e incluso los controversiales y numéricamente exagerados sacrificios humanos, fue una corrupción del ideal Tolteca. Actualmente se puede detectar sin duda alguna la presencia en el territorio mexicano de pueblos indígenas que son herederos espirituales de estos antiguos toltecas.
· Los toltecas sobrevivientes. Pueblos indígenas que han mantenida viva la tradición de los antiguos toltecas y con los cuales, tal como narro en Los toltecas del nuevo milenio, he estado vinculado.
· Los nuevos toltecas. Esta categoría aplica para las personas, indígenas o no, que actualmente se empeñan en mantener viva la tradición tolteca en cualquier parte del mundo. Los nuevos toltecas están comprometidos en crear un nuevo camino, basándose en las herencia tanto de los toltecas antiguos como de los sobrevivientes; y para ello, están creando una serie de procedimientos específicos adecuados a las necesidades de nuestras modernas sociedades urbanas[1].
1 El símbolo azteca puede verse en el escudo de la bandera mexicana y muestra a un águila devorando a una serpiente sobre una tuna o nopal con frutos. La civilización azteca abarca solo doscientos años de historia mejicana; desde 1325, cuando los aztecas fundaron su capital Tenochtitlán (ahora Ciudad de México), hasta 1521, cuando los españoles comenzaron la destrucción de su mundo. (N. del A.)
2 Existe una breve explicación de la organización AVP en la página __ del capítulo 1. Si queréis tener una información más completa sobre los talleres, debéis consultar el apéndice B. (N. del A.)
3 Fray Alonso de Molina, Vocabulario en lengua castellana y mexicana, edición facsimilar, Madrid, 1944. (N. del A.)
4 La influencia ejercida por parte de las ideas de Carlos Castaneda requiere un comentario aparte; comentario que podéis encontrar al final de esta obra en el apartado titulado «Acerca de las fuentes de este trabajo». (N. del A.)
· [1] Podría eventualmente considerarse un grupo mas entre los tipos de toltecas. Este es el que yo llamo El Linaje de California (USA). Se inicia en a finales de los años sesenta y se refiere a Carlos Castaneda y toda la cauda de autores que después de el han escrito libros basándose en la visión y terminología del llamado padre del new age y que tienen poca o –casi siempre- nula conexión con las comunidades indígenas de ascendencia tolteca o con la investigación histórica de los antiguos Toltecas. La única razón para incluirlos en este listado de tipos de Tolteca, sería la amplia difusión que han tenido en la época actual y su uso persistente (iniciado por Castaneda) del término Tolteca, para referirse a la matriz de su conocimiento. Y es que las palabras, aparte de su etimología y raíces lingüísticas e históricas obtienen su significado por el uso que de ellas se hace socialmente. Así, desde este punto de vista, dada su actual proliferación, puede considerarse como válida – aunque discutible - la denominación genérica de Tolteca para la temática sobre la que tales autores escriben.
Prefacio
Reconocimientos
El concepto de recapitulación
Los orígenes de la recapitulación
El desarrollo de las técnicas de recapitulación
AVP: El Arte de Vivir a Propósito
Definición
El cuerpo energético
El proceso de sanación natural
Ego versus cuerpo energético
Nuestra naturaleza dual
Memoria ordinaria y memoria corporal
Nuestro mito de origen
Los agujeros negros del cuerpo energético
Los guerreros que tienen hijos
La naturaleza como guía
La última recapitulación
La recapitulación espontánea
Recapitulación y psicoanálisis
Recuperar energía
Desembarazarnos de energía ajena
Liberarnos de ataduras energéticas
Romper promesas
Decir adiós
Integridad energética
Intercambio antienergético
Daño energético
Cambio de conducta
Daño actual
Responsabilidad
Marcando la diferencia
Actos deliberados
Sugerencias y precauciones para casos especiales
Niños
Adolescentes
«Tonales» saludables
Personas con enfermedades mentales
Consumidores de Drogas
El caso de Sonia
Preparación de la lista
La importancia de la lista
Ejercicios con la lista
Consejos y advertencias
¿Qué pasa con los temores?
El proceso de construcción
Cómo utilizar la caja
Consejos y advertencias
Paso 3: Respiración inicial
Paso 4: Visualización del acontecimiento
Paso 5: Reviviendo el acontecimiento
Paso 6: Restauración energética
Paso 7: Toma de decisiones
Paso 8: Soñando no-haceres
Paso 9: Llevando a cabo los no-haceres de la recapitulación
Paso 10: Continuidad
Ejercicios preparatorios
Ejercicio físico normal
Ritual con fotos
Ejercicios con fuego
El ritual de la quema de la caja
Actividades para equilibrar los efectos de la recapitulación
Técnica de recapitulación para acontecimientos aislados
Técnicas respiratorias
Lugar y hora
Organización del tiempo de las sesiones de recapitulación
Organización de la lista
Consejos y advertencias finales
Mi último comentario
Tabla de ejemplos
Acerca de los antecedentes de esta obra
Acerca del autor